Oraciones de San Juan Crisóstomo

Santo que fue un gran predicador y de sus sermones aún se guardan 13 volúmenes. Convirtió a muchos con solo sus palabras. Escribió muchas oraciones y aquí te traemos algunas de ellas.

Oración por Cada Hora A Dios de San Juan Crisóstomo

01:00 hs. ¡Oh Señor!, no me prives de tus benditos dones celestiales

02:00 hs. ¡Oh Señor!, defiéndeme y líbrame de los tormentos del maligno

03:00 hs. ¡Oh Señor!, si he pecado con mi mente, con mis pensamientos, con mis palabras o mis actos, perdóname y cura mi alma

04:00 hs. ¡Oh Señor!, líbrame de la ignorancia y el olvido, del odio y la mezquindad del alma y de la dureza del corazón

05:00 hs. ¡Oh Señor!, no me dejes caer y líbrame de toda tentación

06:00 hs. ¡Oh Señor!, ilumina mi corazón oscurecido por los deseos del maligno

07:00 hs. ¡Oh Señor!, como hombre que soy he fallado, pero Tú, como Dios amado y benevolente, ten piedad de mi alma, viendo las debilidades de mi corazón

08:00 hs. ¡Oh Señor!, envía Tu Misericordia a mi auxilio, para que yo pueda glorificar Tu Santo Nombre

09:00 hs. ¡Oh Señor Jesucristo!, inscribe a Tu siervo en el Libro de la Vida y concédeme una muerte en paz

10:00 hs. ¡Oh Señor mi Dios!, aunque no he hecho nada bueno ante Ti, extiende tu mano, ayúdame con tu gracia a empezar a hacer todo el bien

11:00 hs. ¡Oh Señor!, cubre mi débil corazón con el rocío de Tu amor

12:00 hs. ¡Oh Señor de los Cielos y de la tierra, acuérdate de mi, Tu siervo pecador, impuro y frío de corazón, en Tu Reino

13:00 hs. ¡Oh Señor!, acepta mi sincero arrepentimiento

14:00 hs. ¡Oh Señor!, por el bien de mi alma, no me abandones

15:00 hs. ¡Oh Señor!, aléjame de la tentación

16:00 hs. ¡Oh Señor!, concédeme pensamientos nobles y puros

17:00 hs. ¡Oh Señor!, concédeme las lágrimas de arrepentimiento, el recuerdo de la muerte y el sentido de la paz

18:00 hs. ¡Oh Señor!, concédeme la humildad, la caridad y obediencia para actuar en tu nombre

19:00 hs. ¡Oh Señor!, concédeme la confesión y el perdón de mis pecados

20:00 hs. ¡Oh Señor!, concédeme la paciencia, la magnanimidad y la dulzura

21:00 hs. ¡Oh Señor!, sitúa en mí la fuente de todas las bendiciones y el temor de Tí en mi corazón

22:00 hs. ¡Oh Señor!, concede que pueda amarte con todo mi corazón y toda mi alma, y que pueda obedecer siempre tu palabra

23:00 hs. ¡Oh Señor!, protégeme de provocadores, de los demonios, de las pasiones corporales y de todo aquello que no conduce a Ti

00:00 hs. ¡Oh Señor!, sé que actúas como quieres; así, que se haga en mi, pecador, Tu voluntad, porque bendito eres por los siglos de los siglos

Amén

Oración a la Santa Eucarístia de San Juan Crisóstomo

“Cuando les dio pan y sació su hambre, lo llamaban profeta y trataban de hacerle rey; pero cuando los instruía sobre el alimento espiritual, sobre la vida eterna, cuando los desviaba de las cosas sensibles cuando les hablaba de la resurrección y levantaba sus ánimos, cuando más que nunca debieran admirarle, entonces murmuraban y se retiraban de El”.

A) Pan de Vida

“Llamase a sí mismo Pan de vida (Jn 6,48) porque sustenta nuestra vida, tanto la presente como la futura por lo cual añadió El que coma de este pan vivirá para siempre (ibid 51). Y pan llama aquí, o bien a los dogmas saludables y a la fe en El, o bien su propio cuerpo. Pues ambas cosas fortalecen al alma. Pues bien; con ser así que en otra parte, al decir El: Si alguno oyere mi palabra no probará la muerte (Jn 8,52), se escandalizaron; aquí no les sucedió lo mismo, quizá porque todavía le respetaban a causa de los panes (n.1).

B) El Pan que Yo os daré es mi Carne

“Y de cierto, el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Justamente pudiera alguno dudar y preguntar aquí por qué habló en esta ocasión tales palabras, que nada edificaban ni aprovechaban, sino más bien perjudicaban a lo edificado… Y si alguno investigara por qué motivo habló también acerca de los misterios (de la Eucaristía) responderémosle que ésta era una ocasión muy oportuna. Porque la oscuridad de las palabras suele excitar a los oyentes y hacerlos más atentos; por tanto, no debieran escandalizarse; antes bien, preguntar e informarse. Mas ellos se retiraban. Pues si le tenían por profeta, debieran creer sus palabras. Así que el escándalo procedía de su necedad, no de la oscuridad de las palabras. … Pero ellos, al fin, no sacaron fruto de las palabras; y nosotros, en cambio, gozamos del beneficio de las obras. Por lo cual es necesario que nos informemos del milagro de los misterios (eucarísticos) a saber, en qué consisten, por qué se dieron y cuál es su utilidad. Un cuerpo nos hacemos, dice (el Apóstol), y miembro de su carne y sus huesos (Ef 5,30). Sigan los iniciados este razonamiento” (n. 2)

1) La muestra del amor

“Pués bien, para que esto lleguemos a ser no solamente por el amor, sino también en realidad, mezclémonos con aquella carne; porque esto se lleva a cabo por medio del manjar que El nos dió, queriendo darnos una muestra del vehemente amor que nos tiene. Por eso se mezcló con nosotros y metió cual fermento en nosotros su propio cuerpo, para que llegáramos a formar no todo, como el cuerpo unido con su cabeza. Pues ésta es prueba de ardientes amadores. Y así Job, para darlo a entender, lo decía de sus siervos, de quienes era tan excesivamente amado, que deseaban injerirse en sus carnes; ya que para mostrar su ardiente amor decían: ¡Quién nos diera de sus carnes para hartarnos! (Job 31,31).

“Pues por eso hizo lo mismo Cristo, induciéndonos a mayor amistad y demostrándonos su amor ardentísimo hacia nosotros; ni sólo permitió a quienes le aman verle, sino también tocarle, y comerle, y clavar los dientes en su carne, y estrecharse con El, y saciar todas las ansias del amor. Salgamos, pues, de aquella mesa, como leones, respirando fuego terribles a Satanás, con el pensamiento fijo en nuestro Capitán y en el amor que nos ha mostrado. A la verdad, muchas veces los padres entregan los hijos a otros para que los sustenten: mas yo, dice, no así, antes os alimento con mi propia carne, a mi mismo me presento por manjar deseoso de que todos seáis nobles, y ofreciéndoos buenas esperanza, acerca de los bienes venideros. Porque quien aquí Se os dió a si mismo, mucha más se os dará en la vida venidera. Quise hacerme hermano vuestro; por vosotros participé de la carne y la sangre; de nuevo os entrego la carne y la sangre, por medio de las cuales me hice pariente vuestro»

2) Cristo nos compró con su sangre

“Esta sangre era continuamente prefigurada de antiguo en los altares, en las muertes de los justos. Ella es el precio del mundo; con ella compró Cristo la Iglesia, con ella la hermoseó toda entera, pues, a semejanza de un hombre que para comprar esclavos da oro, y si quiere adornarlos emplea oro, así también Cristo con sangre nos compró y con sangre nos hermoseó. Los que de esta sangre participan asisten a una con los ángeles, con los arcángeles y con las soberanas potestades, vestidos de la misma real estola de Cristo y provistos de las armas espirituales. Mas nada grande he dicho todavía. Vestidos están del mismo Rey”

3) Cómo hay que acercarse a la Sagrada Mesa

“Pero así como es cosa grande y admirable, así mientras te acerques con pureza, te acercas para salud; pero si con mala conciencia, para suplicio y venganza. Porque quien come, dice, y bebe indignamente del Señor, su condenación se corte y se bebe (I Cor 11,29). Si, pues, los que manchan la púrpura imperial son castigados lo mismo que los que la rasgan, ¿qué hay de extraño en que los que reciben el cuerpo de Cristo con impura conciencia sufran el mismo suplicio que los que le desgarraron con los clavos? Considerar, en efecto, cuán terrible castigo dió a entender San Pablo cuando dijo: Uno que atropella la ley de Moisés, muere sin misericordia, sobre el testimonio de dos o tres, ¡De cuánto peor castigo pensáis que será Juzgado digno quien al Hijo de Dios holló, y reputó indigna la sangre del testamento, con la que fué sacrificado! (Heb 10,28 SS.).

Miremos, pues, por nosotros mismos, amados (hijos), ya que de tales bienes gozamos, y cuando nos viniera el pensamiento de decir algo torpe o nos viéramos arrebatar de la ira o de alguna otra pasión, reflexionemos de qué beneficios hemos sido objeto, de qué Espíritu hemos gozado; y este pensamiento será freno de nuestros irracionales apetitos. ¿Hasta cuándo estaremos sin despertar? ¿Hasta cuándo nos hemos de cuidar de nuestra salvación? Consideremos que beneficios se ha dignado hacernos Dios; démosle gracias, glorifiquémoslo, no sólo por la fe, sino también por las obras, para que alcancemos también los bienes venideros, por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, con el cual sea al Padre la gloria, juntamente con el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén” (n 4).

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